El libro

enero 12, 2008 en 12:43 pm | Publicado en Ana Elejabeitia | Deja un comentario

Desde sus orígenes la Humanidad ha tenido que hacer frente a dos problemas fundamentales:

  • La forma de transmitir los contenidos en el espacio y en el tiempo.
  • La forma de preservarlos.

El planteamiento de estas cuestiones no es una cuestión baladí ya que supone por un lado, determinar la forma de garantizar la integridad intelectual del contenido de la obra y la conservación del soporte en el que fue plasmada, y por otro lado, el medio por el cual se mantendrá inalterada la intención o finalidad para la cual se concibió.

Los orígenes de la historia del libro se remontan a las primeras manifestaciones pictóricas de nuestros antepasados, la pintura rupestre del hombre del paleolítico. Con un simbolismo cargado de significados religiosos, estas pinturas presentaban animales, cacerías y otras escenas cotidianas del entorno natural del hombre antiguo, que trataba de dominar las fuerzas adversas de la naturaleza capturando su esencia mediante su representación. En sí fueron los primeros documentos impresos de que se tiene memoria.

Durante las edades antigua y media de la historia de la humanidad, época en que dominaba el analfabetismo, los libros eran raros y costosos, pues todos estaban escritos a mano en enormes pergaminos que eran resguardados celosamente en algunas bibliotecas específicas, como la de Alejandría o Bizancio, de modo que las personas que querían instruirse en ellos debían viajar a dichas ciudades y solicitarlos. Por cierto, el acceder a un libro de la época era todo un trámite que podía durar tanto tiempo como un mes completo. Ya desde aquella época, en que privaba la ignorancia y la superstición, se reconocía el enorme poder e influjo que tenía la información a quien decidía obtenerla, pero era celosamente resguardada.

Con el advenimiento de la imprenta y de la modernidad, podemos afirmar que vivimos en la época de la explosión bibliográfica y de la información en otro tipo de fuentes, como Internet, periódicos, revistas, etc.

No obstante, el valor del libro es perdurable a través del tiempo y el poder de lo impreso llega a sobrepasar la información que no ha sido impresa, razón por la que no debe valorarse un libro por lo nuevo o por su cubierta.

Fuente: wikipedia

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